Adiós a otro amigo
Publicado 21 Febrero 2010 por Diego
Escribo poco en este espacio, no más de dos o tres veces por año. La idea es escribir sobre tecnología y otras cosas, pero en una ocasión escribí sobre el recuerdo de un amigo que se fue. Hoy repito el plato.
Alejandro Javier Rodríguez Michelini falleció en la noche de este miércoles 17 de febrero, en un lamentable accidente en la Rambla de Montevideo. Era mi amigo y socio. Nos asociamos para algunos emprendimientos porque siempre estábamos en la misma sintonía en el enfoque de los temas tećnicos y laborales. De este mutuo entendernos salió el sistema Xenius, software de aplicación desarrollado para apoyo a la gestión instituciones educativas, que está instalado y funcionado en algunos colegios privados de Montevideo.
Era técnico en electrónica, egresado de ORT. Previo pasaje de un año por Facultad de Ciencias Económicas, terminó recibiéndose de Ingeniero en Informática por la Católica e hizo un brillante MBA (maestría en dirección de empresas) también en la UCU. Como si fuera poco y no tuviera casi nada que hacer, ya estaba pensando en el doctorado. ¡Qué fenómeno!
Era técnico de calle, no sólo de título. Trabajó unos años en una empresa importadora de impresoras, representante de marcas importantes. Así que anduvo recorriendo organizaciones como técnico, reparando máquinas. Llevaba en el alma esa condición de tuerca, porque le gustaba arreglar las cosas, con su caja de herramientas, su téster, su soldador de estaño. El sábado 13 de febrero estuvo en casa para nuestra reunión semanal. El enchufe donde quería conectar su portable parecía que hacía un falso contacto y ya preguntó como siempre: ¿Tenés un destornillador? ¡Claro que tenía! Él hubiera desaprobado que no tuviera buenas herramientas en casa. Tenía varios y le di a elegir. Si elogiaba tus herramientas, era todo un cumplido. Caminando por la calle, se quedaba detenido unos minutos en las vidrieras de las ferreterías, mirando taladros, pinzas, llaves. Había que apurarlo, a veces. No exagero nada.
Pero, como yo le decía, se fue del hardware para el software. Yo lo empujé a eso ofreciéndole su primer trabajo como desarrollador. “Yo te saqué del lado oscuro de la fuerza”, le decía para tomarle el pelo. Así que fue administrador de bases de datos de una importante empresa financiera, estuvo un par de años en un proyecto de reingeniería de procesos y aplicaciones de una importante droguería, y también hizo algunos trabajos de desarrollo de aplicaciones para algún instituto de enseñanza, contratado por un proyecto del BID.
Le gustaba estudiar más que casi cualquier otra cosa. Era profesor de la Católica y de la UM. Le gustaba la docencia. Le encantaba, más bien. Siempre me estaba comentando de cómo había estado pensando en dar tal o cual tema, que había pensando tal ejercicio para plantear a los alumnos, que había estado repasando esto y aquello. Yo lo veía siempre tan entusiasmado, que le decía que dejara el trabajo profesional para dedicarse a la docencia y la investigación académica. Los alumnos lo querían. Se notó esto en el velatorio. Estaban los de las dos universidades. Él los recordaba a todos.
Iba a más, siempre. Nada de cosas hechas a ponchazos. Tenía una cruzada personal contra la mediocridad. Ese era de los aspectos que más inculcaba a sus estudiantes. El mediopelo le molestaba.
Nos conocimos en el año 90. Yo retomaba los estudios universitarios ya casado y con dos hijos. Él tenía unos tres meses de casado con María José. Cuando uno se mete en una patriada como iniciar la Universidad con trabajo y familia en simultáneo, tiene que buscar alianzas estratégicas con personas que estén en condiciones comparables. Nuestra alianza funcionó muy bien. Cuando había que empezar a estudiar, armar equipo para un trabajo obligatorio o lo que fuera, él me decía: “Roselli: ¿Tamo’ ahí?
Yo estaba muy oxidado cuando retomé la universidad, así que algunas cosas me costaron un montón. De entre las peores, recuerdo la asignatura Introducción a la Electrónica Digital, que a pesar de la brillantez del docente, que era el Profesor Pablo García, yo no daba pie con bola. Alejandro la había revalidado, por supuesto, pero no me iba a dejar de a pie. No sé cuántas noches dedicó a explicarme el cáculo de las mallas y yo qué sé. No sé la cantidad de veces que soñé con el Teorema de Thévenin. María José, su esposa, profesora de Física, también apoyaba. Esa, como otras, se la debí un tiempo largo. Una vez pude devolverle algo, dándole una mano en temas en los que me sentía más seguro. Igual tengo mi saldo en rojo.
Compartíamos el gusto por la música, por tocar la guitarra, el ajedrez, el buen cine, Les Luthiers, de quienes nos hemos copiado mutuamente cassettes, CDs, DVDs. Quería aprender a cantar, decía. Así que, sabiendo que mi madre y mis hermanas están vinculadas al canto, me pidió cien veces que le recomendara un profesor o profesora de canto. Yo le tomaba el pelo y le decía que no perdiera ni hiciera perder el tiempo, que no tirara la plata…
Era generoso y dispuesto. Siempre. Nunca tenía inconvenientes en que te subieras a su auto para llevarte a donde fueras. Él iba hacia Carrasco pero siempre se podía desviar unos kilómetros. El sábado 16 de enero me iba de vacaciones y el viernes 15, la tarde antes, se me rompió el auto. Mi mecánico, por suerte, me consiguió un auto alquilado así que resolví el problema y me fui de todos modos. Pero mi primer impulso fue llamarlo, en verdad. Era mucho molestarlo, porque hubiera tenido que levantarse temprano un sábado de mañana y hacer unos cuantos kilómetros, pero sé que no me hubiera dejado colgado jamás. Por suerte para él, no fue necesario. Cuando le conté, días después, el problema que había tenido, me dijo lo que me decía siempre: “Roselli: ¿estás buscando que te golpee?”. Lo que equivalía a “¿Por qué no me llamaste de inmediato?”. Como no quería que me golpeara, le dije que sí había pensado en él. Era cierto.
Queda mucho por decir y ya se dirá de alguna manera. En julio pasado falleció mi esposa Gabriela y todavía tengo el recuerdo de sus palabras y del abrazo que él me dio en el cementerio, después de enterrarla. Igual que María José, la quería mucho y estaba muy conmovido. Por ahora y para abreviar, voy a contar una anécdota que nos une.
Con tantas horas que compartimos en mil y una ocasiones, teníamos nuestras bromas privadas, nuestros “chistes internos”, que tenían orígenes diversos. Una noche estábamos preparando un parcial de Sistemas Operativos, leyendo el Rueda. Los compañeros de la Facultad saben quién es Rueda y lo recordarán con una sonrisa. Era una de esas noches en que María José nos esperaba después de la Facultad, pasadas las diez y media de la noche, en aquel apartamento donde vivían que era de los padres de Alejandro, en la calle Paraguay entre Mercedes y Uruguay. Nos hacía algo de comer, cenábamos y ella se despedía para dejarnos estudiar un par de horas. Aquella noche en especial, leíamos cada cual en su libro y en un momento yo lo miré al darme cuenta de que su cabeza estaba más inclinada de lo que sería normal; como si en realidad estuviera leyendo o mirando algo en su cintura, a la altura del cinturón o del ombligo. Se había quedado dormido, ahí sentado. Le toqué ligeramente el hombro y le dije: “¡Loco, te estás leyendo el buzo!” Se despertó, nos reímos unos minutos y nos despedimos. Desde entonces, quedó establecida la regla de que “No vale leerse el buzo”, que era como decir que si estábamos cansados, pues a dormir.
Hace poco, el jueves 11 de febrero, nos reunimos con Alejandra Fernández, Directora de la empresa Éxito, con el objetivo de trazar un plan de negocios para este año. Nos reímos de algunas cosas y él sacó el tema de que teníamos veinte años juntos. A ella le sorprendía que nos reíamos de las mismas bobadas y él dijo algo así como que eran muchos años de conocernos, “muchas noches de leer buzos”. Ella me miró sin entender y yo le dije que eran bromas antiguas nuestras. Ahora queda aquí revelado el secreto.
Es triste pensar en cómo un accidente termina con la vida de una persona de 44 años. Tengo un cierto sentimiento de rebeldía, pero no le presto atención. Yo lo conocí y tuve el privilegio de su amistad y su compañía. Me quedo con eso. Cosas que le regala la vida a uno. Ya lo extraño y quiero recordarlo de la mejor manera, riéndome de aquellos “chistes internos”, y hago el esfuerzo por borrar todo sentimiento de tristeza, porque soy hombre de fe y sé que él está con el Padre. No quiero que desde el Cielo el Negro me diga: “Roselli: ¿estás buscando que te golpee?”.
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Gracias por compartirlo
Es la segunda vez que escribo en este espacio. También para despedir a un compañero, que se va, que deja espacios huecos, que se transforma en otra vida. Antes, a Godoy. Ahora, a Alejandro. Con quien compartimos ocho años de trabajo en Ia UCU. Donde uno tiene la excusa también de conocer gente importante. Que se vuelve importante para uno. Después, cuando ya me había ido de Facultad, nos cruzamos en la Biblioteca algunas veces. Igual que siempre. Con su calidez y su sonrisa. Con promesas de ponernos al día con los cuentos, con más tiempo. Otro día.
Uno deja las cosas para otro día. Porque hay tiempo. Hay tiempo. Entonces, cuando recibís el llamado, la noticia, lo primero que asoma es el descreimiento. Eso no está pasando. No puede ser. Enseguida, aparece la imagen, de él, caminando, andando por la vida con su paso apachorrado, con su sonrisa y los ojos entrecerrados, preguntando en Facultad si había mate. Demorado en la charla con otros profesores, con los estudiantes que lo requerían para consultarle cosas. Arrimando la silla para charlar, compartiendo en un casamiento, dándote un abrazo cuando llegaba en las tardes. Hablando de cosas importantes, o de temas más triviales. Recibiéndose de Ingeniero. Enroscándose con pasión en los temas de la profesión, que para mí era como escuchar chino básico. Contando mil veces los cuentos de Rueda. Sumándose a los chistes del momento. Sumándose a los festejos o a las despedidas.
Ahora nos tocó sumarnos, pero a despedirlo a él. Con tristeza, y gran dolor. En comunión con otro montón de gente que también lo quería.
Dicen que los que se van jóvenes son almas con poca deuda en este plano porque son seres luminosos. Creo. Estoy segura.
Por ahora, sólo te digo un hasta luego porque espero verte allá nuevamente.
No hay mucho que pueda escribir que represente la tristeza que me generó esta noticia. Primero un sentimiento de injusticia tremendo y despues una sensación triste que no me logro sacar con el tiempo.
Cada vez que veo su nombre en un trabajo, una memoria de grado un examen me repito “puta madre, ¿porque? no hay derecho”.
Alejandro era sin duda un tipo barbaro.
Mas que un tipo barbaro… alguien con el cual se podía contar.
Serio en su trabajo respondable y con una fuerza increible en lo que hacía. Pero a la vez y lo mas destacable un tipo humilde. Alguien que siempre te tiraba una mano, que te exigía para que dieras lo mejor pero que sabía comprender.
Una persona con una vocación que realmente se sentía en clase. Un tipo divertido, simpático, daba gusto tenerlo de docente.
Realmente cualquier cosa que diga no va a poder representarlo…
Sin duda Alejandro fue alguien que dejó una marca en muchos de nosotros.
En muchisimos aspectos un ejemplo de vida a seguir.
Alejandro, te vamos a extrañar.
Diego, gracias por compartirlo.
Como alumno de Alejandro puedo reafirmar lo que decías, le encantaba enseñar, quería que sacaramos lo mejor de nosotros y no se guardaba nada, quería que aprendieramos todo, todo lo que el sabía, toda la “calle” que el tenía, aunque eso le implicara quedarse unas horas más después de clase; si nos distraíamos un segundo nos atacaba con una pregunta, y magicamente sabía si alguien no había entendido algo; nos llenaba de “unos” (tuve montones, pero por suerte no los contaba) y “porotos” (permiso para decir disparates).
No solo nos enseñó como profesor de sus materias, sino como persona, a dar lo mejor de nosotros, a ayudarnos y a no ser mediocres, con humildad; por lo que nos enseñó, como profesor y como persona sus alumnos vamos a estar eternamente agradecidos y en deuda. Yo hoy siento que tengo un tesoro que el dejó, y por eso agradezco a dios haber tenido la oportunidad de conocerlo. Pero ahora solo queda decirle gracias, y hasta luego.
Alejandro fue mi primer profe en la UCU, recuerdo su buen humor y sus expresiones características…. a mi siempre me llamaba “don Rodríguez”.
La enseñanza mas grande que me dejó es tal y como se expresa anteriormente, la batalla contra la mediocridad, enseñanza que voy a tomar para encarar mi carrera.
Realmente me conmoví con el texto. Un gran tipo y una gran persona. Gracias por compartirlo
Diego, como siempre lo tuyo muy bueno, muy sentido.
Traté poco a Alejandro pero comparto totalmente los sentimientos, se fue una bella persona.
Suerte que lo pudimos conocer.
“Ah profe, es lo mismo”… “lo mismo es la enfermedad del lomo”, respondía… cómo olvidarlo.
Me sumo a las palabras de Diego y Gabriela… yo pasé por sus clases durante mi carrera, pero él no era un profesor común, no era uno de esos profesores a los que uno le tenía “miedo”… era “Ale”… era distinto.
Se me ocurren tantas cosas para decir, en estos momentos el alma da un vuelco, pero no entiende… y uno tiene que explicarle: no estés triste, no lo homenajeemos con lágrimas sino con sonrisas.
En este mundo uno se aferra a la presencia física, pero no se da cuenta que el alma sigue viviendo… él está ahí, ahora, cuidándonos a todos y seguro, segurísimo que no quiere vernos tristes, porque él, sin duda, no lo está. Era un ser de luz, como dice Gabriela.
Vaya mi abrazo apretado y mi más profunda simpatía para aquellos que lo disfrutaron y lo conocieron, porque seguro tienen la certeza de que Ale vivió su vida de forma que cuando llegara su momento de decir adiós, pudiera mirar hacia atrás, y sonreir.
Gracias Diego por compartir esto con nosotros.
Una de las muchas cosas lindas que me está dejando la carrera en la UCU, es haber tenido a Alejandro de profesor.
Todavía me cuesta creer lo que pasó, sobre todo ya que tuve que ir a la universidad el mismo día del accidente y esta ahi, siempre con su buen humor, “basureando” a Val el hecho que Alejandro había metído 3 horas para correr desde Sarandí hasta el Puente Carrasco.
Para los que lo conocimos, va a costar mucho pasar este sentimiento, ambiguo: triste por lo que pasó, pero agradecido de haber tenido de profesor a una persona así. Siempre van a quedar en nosotros frases como:”amigas y amigos….” cuando terminaba la clase o la “Esto lo va a averiguar el joven Caballero”, cuando me pedía que buscara un dato extraño, como el año de invensión del Arbol B y del Arbol B+.
Tuve el placer de conocerlo y de llevar a cabo un proyecto que el y Diego quisieron realizar con su empresa Gentium Consultores.
Rara vez uno tiene la suerte de trabajar con gente con la cual uno se siente absolutamente cómoda y respetada.
Una vez mas nos juntamos para emprender una idea juntos que va a ser muy dificil realizar sin él.
Desde el jueves que me avisó Diego de su fallecimiento he quedado con una tristeza profunda por la desgracia de su accidente y por esos hijos que quedan sin un padre maravilloso.
Agradezco la posibilidad de haberlo conocido y seguramente como dice Diego nos encontraremos en el mas allá.
Dios es un egoista !
Gracias por compartir estas anecdotas de Ale “el chileno” como le deciamos en la escuela 189. Nos reencontramos con casi todo el grupo escolar luego de 32 anios.. Estabamos en el proceso de redescubrirnos, conectandonos con “nuestro nino interior”. Ante su insistencia, habiamos ubicado a otra companera de clases, otra con nombre y apellido comun, las “figuritas dificiles” cuando armamos el Reencuentro… Se habia ubicado al fin, y le envie un mensaje contandole… “Te llamo mas tarde. BSS” fue su respuesta del 17/2 a las 15:25…
Tampoco lo habiamos “encontrado” a el, pero el 16/5 como por arte de magia, estaba en el “punto de encuentro” de la Banda… Apenas en 3 ocasiones ke lo vimos, nos ensenio mucho.. Su compromiso con los afectos, su solidaridad y su compasion. Sin dudas, un ser de luz, ke se fue sin cuentas pendientes. Gracias Ale!!!
Fue mi primer Profesor y sin duda el Mejor.
Hola Diego,
Espero que todos nosotros sigamos el ejemplo de Alejandro, en cuanto a sus valores y la grandeza que tenía como profesional y como persona.
Un abrazo a todos.
Diego, gracias por compartir este espacio entre todos.
Yo conocí a Alejandro, hace ya unos cuantos años (hicimos la carrera de Sistemas junto a Diego), pero lamentablemente hemos perdimos el contacto una vez que egresamos.
Al lado de las palabras que se leen (y las que se leen entre líneas) de lo que escribió Diego, pocas son las cosas que pueda agregar. Lo que si se es que fue un excelente tipo y un muy buen compañero. Como esposo no soy el indicado para hablar, pero recuerdo varias veces haber ido a su casa, y su relación con María José parecía de lo mas natural, compartinendo un montón de sueños (en aquellos momentos…)
Lamentablemente, me entere que Ale era hermano de Antonio, un compañero de trabajo, que también considero un tipazo (cosa de familia). Recuerdo que una vez estaba en EEUU con Antonio (su hermano) y él le estaba comprando unas pista de autos para sus sobrinos, no se si eran o no los hijos de Alejandro (en ese momento no sabía que eran hermanos) pero para Antonio era muy importante esa relación
No me pude despedir, ni en el velatorio no en el funeral, ya que no estaba en Uruguay, y eso me dio mucha pena, espero que desde donde esté me perdone.
Que emoción Dieguillo con tus palabras!,… me sumo en esta despedida de Ale, que sin dudas era un GRANDE, una linda persona, siempre con buena onda, siempre con esa chispa de buen humor, tirándote alguno de esos “chistes internos” que no todos podíamos entender.
No lo veía mucho últimamente, pero me cruzaba con él en los pasillos de la UCU, con su paso tranquilo, “…que hace Sra Clara” me decía y muy rapidito nos contábamos las últimas novedades, siempre tan dulce, siempre con una sonrisa.
La semana anterior al accidente tuve la suerte de cruzármelo en el Colegio, y nos quedamos un rato charlando, me quedó grabada su imagen, estaba en paz, contento, me contó lo que disfrutaba su nueva casa, “cuando voy de regreso y cruzo el Puente de Carrasco me cambia la vida”, me dijo.
Desde el accidente, no dejo de recordarlo a diario, doy gracias por haber tenido la oportunidad de disfrutar de su compañía recientemente. Con ese recuerdo me quedo y agradezco haber tenido el privilegio de conocerlo.
Se te extraña Negro!!
Tuve la suerte, junto a mis compañeros de Secretaría, de haber trabajado con él y junto a Diego, durante estos últimos dos años. Me parece mentira pensar que ya no contaremos más con su presencia. Realmente era un tipo brillante, aún sin conocer el curriculum que presenta Diego en este “artículo”.
Aún me parece verlo sentado en el escritorio frente a la computadora. Cuando empezábamos con nuestras pavadas y chistes, nos observaba en silencio, creo que era muy observador, pero al rato compartía nuestras bromas. Cuando terminaba de solucionar los problemitas por los que lo habíamos llamado, me decía “Ríus, venga, siéntese acá” (arrastrando la R como los cordobeses o los chilenos, tal vez) y con suma paciencia me explicaba lo que tal vez para él era obvio. Luego se marchaba, siempre con deberes. Pero esto era lo más curioso, uno pensaría que los Ingenieros, sobre todo en Informática, llevarían todo anotado en una agenda electrónica o cualquier medio informático, de los tantos que existen. Pero no, Alejandro lo llevaba todo anotado en papelitos. Yo le decía: “parecés Minguito, además, seguro que los perdés.” El se reía, y a los pocos días, venía con todos los deberes hechos.
No puedo trasmitir la tristeza que siento al sentarme frente a la computadora del Colegio para trabajar con el brillante programa que Diego y él crearon, el que nos solucionó la vida, el que nos hace el trabajo más sencillo, el que nos introdujo al siglo XXI en poco tiempo.
Me queda el recuerdo de haberlo encontrado por última vez, el 1º de enero, en la Rambla.
Me queda también la certeza de saber que está allá arriba, solucionando “problemitas”.
Cuando me enteré de la noticia no lo podía creer, como que “Don Rudrigue” (yo lo llamaba así cuando lo veía) se fue? Lo conocí a través de mi gran amigo Diego, allá en sus comienzos de facultad, que gran tipo por dios!!!
Él cuando me veía me decía “que hacés canario”?, la verdad, ya lo estoy extrañando montones.
Para mí era una referencia como profesional, al igual que lo es Diego, pero aún más lo fue como ser humano, un tipo humilde, derecho, cálido, que trasmitía una paz interior y un trato humano que es difícil encontrar.
La última vez que lo vi fue en otro momento doloroso, el fallecimiento de Gabriela, la compañera de vida de Diego, quedamos en juntarnos para tomar unos “whiskies” y comernos unas pizzas en mi casa en Shangrilá … ya nos juntaremos para brindar por él.
Gracias Diego por compartir lo que escribiste, “Don Rudrigue” quedará en el recuerdo más íntimo, para mí se ha ido una persona maravillosa, lástima que no pude compartir más momentos con él.
Un abrazo grande “Don Rudrigue” del “Canario”.
Gracias Diego, por estar cuando estuviste y por compartir este pedacito de vida. Que bueno que Ale te tuvo cerca.
Un abrazo fuerte.
Muchas gracias Diego por lo que has escrito, se ve muchisimo de Alejandro en lo tu forma de escribir…
Es dificil resumir lo que significa para mi… me vuelvo a dar cuenta de que fue una influencia importante en la vida de mucha gente… Puedo decir que fui bastante mas privilegiado que
la mayoria, yo trabajo en la financiera que Diego menciona y fui su compañero en el area Base de Datos (y cuando digo compañero me estoy agrandando un monton…). Alejandro me enseño desde como abrir una termial hasta como encarar la configuracion de un servidor… ojo, la facultad hizo lo suyo pero no es lo mismo… tener un peso pesado al lado todos los dias, eso hace que uno aprenda o aprenda… ademas tuve oportinidad de recibir varias de sus amenazas de golpes… (siempre bienvenidas… esas que ya se
extrañaban porque hacia 3 años que ya no trabajaba aca, pero totalmente vigentes).
Alejandro esta siempre presente en nuestro trabajo, porque muchas de las cosas que usamos las escribio él, porque compartio tecnicamente todo lo que él era… y sobre todo porque compartio sus valores… ahora no solo hablo por mi… mis compañeros lo consideran de la misma forma.
Para mi suerte, conservo muchos recuerdos, de cosas que nos salieron bien… de otras que no tanto, de pelearla, y varias veces de ganarla…( porque mira si el iba a permitir que algo no saliera bien…), ahora recuerdo mi proyecto de grado que acompaño y aconsejo, a pesar de no estar muy de acuerdo… yo trabajo en sistemas de informacion y hace años se me ocurrio hacer un robotito… estaba loco y el lo sabia… pero igual me dio para adelante y siguio hasta el final, incluyendo fumarse la presentacion del proyecto… un idolo… un amigo.
Si me es dificil escribir, me es mas imposible terminar…
Uno de los mejores profesores que tuve en la carrera; ibas a sus clases a aprender y a disfrutar puesto que enseñaba con humor. “Miren que les voy a arrancar las muelas” decía siempre o te decía “Páse” y te hacía ir al pizarrón cuando te sorprendía conversando… un fenómeno!!
Me enteré ayer y la verdad uno no entiende como se dan estas cosas; lo importante fue haberlo conocido un poco… Abrazo para todos!
Diego, me entristeció muchísimo su fallecimiento, más allá de ser un excelente profesor, siempre sentí que más que un profesor que se interesaba por sus alumnos, era una persona que se interesaba por otras personas. Como docente nos trataba a todos como colegas, como iguales (a nosotros, que con suerte ibamos a mitad de la carrera) y eso no era porque se rebajara, nos hacia crecer para alcanzarlo.
Creo que algo que lo marca muy bien es que todos mis recuerdos de el son riendo!!!
Un genio y realmente de las enseñanzas más valiosas que me dejó la UCUDAL..
Diego, gracias por este mensaje y por compartirlo con nosotros.
Estos días lo he leído varias veces y todas me llenan de emoción y recuerdos. A pesar de los casi 20 años que hace que los conocí a tí y a Ale (siempre fueron para mi como un “Combo”, cuando estudiábamos juntos y luego cuando trabajé con Uds. en el colegio un tiempito) los recuerdos no dejan de llegar a mi mente a diario y la pena de esta injusticia también.
A veces no nos damos cuenta cuanto puede marcarnos para bien alguien en nuestras vidas, y Uds. dos fueron esa clase de personas, que uno agradece haber conocido.
Gracias Diego, Gracias Ale.
Gracias Diego por compartir ese chiste interno y por dar esta oportunidad para expresar el dolor de haber perdido a semejante persona.
Durante el año que compartimos con mi compañero de Proyecto, nunca me arrepentí de haber sacado ese papelito que me premiaba pasar junto a Alejandro todo el 2009, de llegadas tardes, chistes, pequeños enojos, sorpresas, en fin, un montón de vivencias que aprecio mucho a expensas del trabajo y buenos resultados obtenidos.
No puedo creer que una persona como Alejandro, que por como contás que es y por cómo lo conozco, le haya tocado algo como le tocó. Me niego a creerlo. Tuvo que haber un error en el papeleo.
Ahora no me queda otra que aceptarlo, claro está. Con mucho dolor, pero no me queda otra. Las ganas de entrar en la sala del velatorio a llorarlo era muchas, pero me contuve, todavía no sé porqué. En cambio me quedé con mis amigos, casi en silencio con gusto a “no puedo creerlo”.
No me olvido mas de la vez que me tildó de que jugaba al ping pong en exceso en la mitad de una clase. Se me dio por decirle que era “pura casualidad” que siempre me encontraba en la cancha. Carcajadas espontaneas de todos los presentes. No me olvido más de él, ni del partido de ping pong que me jugó la noche de la fiesta de la Católica. Te gané Alejandro y en cierta forma, vos me ganaste a mí.
Gracias a todos por permitirme asomarme por esta ventana a tantos momentos de la vida de Ale. Es bueno que haya quedado algo de él en tanta gente…
Los invito a todos a acompañarnos este jueves 18 de marzo en una Misa en la que lo recordaremos, en la Parroquia Stella Maris a las 19:30.
Me quede helado en todo el sentido de la palabra, cuando recibi el correo de Mary avisando la conmemoracion, al punto que le escribi para interiorizarme un poco mas.
Fui un alumno de la facu de el, de los que empezamos viejos, despues de tener otra profesion.
La justa como profesor exigente como debe ser, pero como persona excelente y mas despues cuando lo trate fuera de facultad por temas laborales
Siempre me acuerdo que el decia en clase, como dijeron en un comentario anterior, si uno le respondia “lo mismo”, el decia : “lo mismo es una enfermedad del lomo·, otra que me acuerdo era:
“A ver jovenes …………………” y yo lo miraba y le decia por mi, “jovenes y no tan jovenes…………” y se reia. (actualmente tengo 42 años)
Otra fue en un curso en el que curso un alumno de apellido Konkolowitz o algo asi, obviamente a todos se nos hacia dificil pronunciarlo al principio, incluso a el , entonces para ALEJANDRO era simplemente: “SR CON”.
Me encantaria estar alli , pero lamentablemente estoy en Florida trabajando y ese dia tengo que estar ya que se conmemora el aniversario del lugar donde trabajo (Bn Ing “Sarandi” de Ing de Cbte Nº2 y es a las 1715, y seguro que no llego a las 1930, pero seguro que mis pensamientos y oraciones ese dia y a esa hora estaran con Alejandro
Sinceramente mis mas profundas condolecias a sus Seres queridos y a sus amigos.
Saludos
Jose Eduardo Fraschini
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